Por José Amador
Estos tres casos tienen un denominador común: liderazgos que no supieron evolucionar, no entendieron el momento y confundieron exposición con conexión.
En política, como en la vida, los liderazgos no se heredan ni se sostienen por inercia. Se construyen día a día con coherencia, cercanía y lectura correcta del momento histórico. Cuando un dirigente pierde el pulso de la gente, cuando se desconecta de la realidad social que dice representar, comienza un proceso silencioso pero letal: la decadencia política.
Hoy, en el escenario dominicano y particularmente en Santo Domingo Este, hay figuras que insisten en proyectarse como opciones de poder, pero cuyos niveles de rechazo, desgaste y desconexión son cada vez más evidentes. El caso de Tony Peña Guaba, coordinador del Gabinete de Política Social y aspirante presidencial del PRM para el 2028, resulta especialmente insólito. Su función principal es, precisamente, articular políticas para los sectores más vulnerables. Sin embargo, todas las encuestas coinciden en algo alarmante: es uno de los funcionarios peor valorados por la población.
¿Cómo se explica que alguien encargado de ayudar a los más necesitados genere tanto rechazo? La respuesta parece clara: falta de empatía real, ausencia de resultados visibles y una narrativa política que no conecta con el sentir popular. En un país donde la sensibilidad social es clave, ser percibido como distante o insensible es una sentencia política casi definitiva. Peña Guaba, hoy por hoy, encarna un liderazgo agotado, sostenido más por cargos que por respaldo ciudadano.
El caso de Luis Alberto Tejeda, exdiputado y eterno aspirante a la alcaldía de Santo Domingo Este, no es menos ilustrativo. Dos derrotas electorales consecutivas deberían ser motivo suficiente para una reflexión profunda. Sin embargo, la insistencia sin renovación, sin autocrítica y sin una propuesta realmente distinta solo refuerza la percepción de desgaste. No se pierde dos veces una alcaldía por casualidad. Se pierde cuando el electorado deja de creer, cuando siente que le están ofreciendo más de lo mismo. Luis Alberto no pierde elecciones: pierde conexión con la gente.
Y qué decir del diputado Rafael Castillo, también mencionado como posible aspirante a la alcaldía de Santo Domingo Este. Resulta increíble que alguien que dice querer gobernar una de las demarcaciones más grandes del país sea percibido como un político ausente. La política municipal exige calle, presencia, contacto humano. No se lidera desde la distancia ni desde oficinas climatizadas. Un alcalde potencial que no comparte con su gente, que no escucha, que no se deja ver en los barrios, simplemente no existe para el pueblo.
Estos tres casos tienen un denominador común: liderazgos que no supieron evolucionar, que no entendieron el momento y que confundieron exposición con conexión. La política dominicana está cambiando. La gente es más crítica, más informada y menos tolerante a figuras que no representen genuinamente sus intereses.
La decadencia política no siempre es ruidosa. A veces se manifiesta en encuestas desfavorables, en derrotas repetidas o en un silencio incómodo en las calles. Pero cuando llega, es implacable. Y hoy, Tony Peña Guaba, Luis Alberto Tejeda y Rafael Castillo parecen ser claros ejemplos de que sin pueblo, no hay futuro político.




















