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OPINIÓN

La estabilidad política: el mayor activo turístico de la República Dominicana

La estabilidad política: el mayor activo turístico de la República Dominicana

Por José Amador/ director del periódico Alta Gama

Cuando se habla de turismo, suele pensarse en playas de arena blanca, montañas verdes, gastronomía vibrante o un rico patrimonio cultural. Sin embargo, detrás de cada destino exitoso existe un factor menos visible, pero quizás más determinante: la estabilidad política. En el caso de la República Dominicana, este es el “producto” más importante que se vende al mundo y, a la vez, el más envidiado por otros países de la región.

El turismo no florece en medio de la incertidumbre. Las inversiones requieren confianza, los visitantes buscan seguridad y las aerolíneas, cadenas hoteleras y touroperadores necesitan garantías de continuidad. República Dominicana ha sabido consolidar una institucionalidad que, aunque no perfecta, ha permitido un clima predecible y pacífico, condiciones indispensables para recibir a más de 10 millones de turistas al año.

La estabilidad política dominicana se ha traducido en políticas públicas sostenidas que promueven el desarrollo del sector turístico: incentivos fiscales, mejoras en la infraestructura, acuerdos internacionales y, sobre todo, un mensaje claro al mundo de que el país es un lugar confiable para vacacionar e invertir. Este mensaje contrasta con las crisis políticas y sociales que afectan a otros destinos caribeños y latinoamericanos, donde la violencia, los cambios abruptos de gobierno o la falta de reglas claras espantan las oportunidades.

No se trata de minimizar los retos internos: la desigualdad, la corrupción y las tensiones sociales siguen siendo desafíos latentes. Pero, comparado con la inestabilidad que sacude a muchos vecinos, República Dominicana aparece como un remanso de gobernabilidad. Y esa percepción es, en sí misma, un poderoso atractivo.

Por eso, la estabilidad política no solo es un logro, sino un patrimonio que debe cuidarse con celo. Porque ninguna campaña publicitaria, por más creativa que sea, puede compensar la falta de confianza. La seguridad de que mañana habrá continuidad institucional, de que las reglas del juego seguirán claras y de que el país no se verá sumido en el caos, vale tanto o más que el sol, la playa o la calidez de su gente.