Por José Amador, director del periódico Alta Gama
La historia política de la República Dominicana está marcada por la obsesión del poder. Sin embargo, el presidente Luis Abinader rompió con esa tradición al anunciar que no modificaría la Constitución para reelegirse. No solo cumplió su palabra, sino que blindó la Carta Magna para evitar que futuros líderes intenten perpetuarse en el poder. Pero esta decisión, que debió fortalecer su gobierno, ha provocado un efecto secundario preocupante: muchos de sus funcionarios han comenzado a comportarse como si su liderazgo estuviera en la recta final, más preocupados por su propio futuro que por consolidar el éxito de la administración que los llevó a sus cargos.
El 2028 es visto por muchos dentro del oficialismo como un tablero de ajedrez donde cada quien mueve sus piezas pensando en su próxima jugada. Se tejen alianzas, se perfilan candidatos y se descuidan responsabilidades en busca de posiciones estratégicas para lo que viene. Mientras tanto, el gobierno de Abinader sigue en marcha, enfrentando retos cruciales que necesitan de un equipo enfocado, leal y comprometido hasta el último día.
El presidente no puede permitir que la ansiedad política de sus colaboradores le robe el enfoque a su gobierno. Es momento de poner orden y recordarle a quienes ostentan el poder gracias a su liderazgo que aún queda mucho por hacer. Quienes no estén dispuestos a trabajar con disciplina y entrega por el bien del país, deben dar un paso al costado.
Desde Alta Gama, hacemos un llamado al presidente Abinader: su legado no puede quedar en manos de quienes ya lo dan por terminado. Es hora de pensar en sí mismo, en su historia, en la marca que dejará en la República Dominicana. La grandeza de un líder no se mide solo por cómo gobierna, sino por cómo entrega el poder. Y ese capítulo aún está por escribirse.
José Amador
Director del Periódico Alta Gama




















