Por José Amador, director del Periódico Alta Gama
Una vez más, Amnistía Internacional alza su voz para defender a los haitianos que residen de manera irregular en territorio dominicano. Sin embargo, lo hace con un sesgo tan evidente como preocupante: nunca, o casi nunca, condena con igual vehemencia la tragedia que viven los haitianos en su propio país.
Mientras las bandas armadas controlan gran parte del territorio haitiano, violan niñas, asesinan a ciudadanos inocentes y sumen al pueblo hermano en el caos, el silencio de Amnistía Internacional ha sido sepulcral. ¿Dónde están sus informes sobre las más de 5,600 muertes violentas ocurridas en 2024? ¿Dónde está su presión internacional para que se intervenga ante la barbarie que se ha apoderado de Haití?
No. A ellos solo les interesa emitir comunicados contra el Gobierno dominicano. Ahora critican la medida que establece un protocolo hospitalario para migrantes indocumentados, como si la República Dominicana estuviera obligada a cargar indefinidamente con una crisis que no provocó, que no controla y que ha sido ignorada por los organismos internacionales durante décadas.
Quiero dejar claro: la República Dominicana no está negando atención médica. Ningún ser humano en este país será dejado morir por falta de ayuda. Pero tampoco podemos seguir permitiendo que se abuse de nuestro sistema de salud, financiado por los impuestos del pueblo dominicano, mientras nuestros propios ciudadanos enfrentan largas esperas y limitaciones en los hospitales.
Este país, de poco más de 10 millones de habitantes, no puede ni debe cargar con los millones de haitianos que huyen de su tierra. Y mucho menos bajo la presión moralista e hipócrita de organismos como Amnistía Internacional, que solo aparecen para dictar sentencias desde la comodidad de sus escritorios, sin poner un pie en los barrios vulnerables ni en las salas de emergencias desbordadas.
Lo que se está haciendo aquí no es racismo, ni xenofobia, ni violación de derechos humanos. Es sobrevivencia. Es soberanía. Es una medida desesperada ante una situación insostenible.
Amnistía debería enfocar su mirada donde verdaderamente se necesita: en Haití. Allí es donde se violan todos los derechos posibles, todos los días. Pero parece que para ellos, esos haitianos no valen. Solo los que cruzan la frontera.




















