Por José Amador
Director del periódico Alta Gama
En la República Dominicana tenemos una peligrosa costumbre: queremos ciudades limpias, calles transitables y comunidades libres de inundaciones, pero muchas veces nuestras propias acciones contribuyen a provocar los problemas de los que después nos quejamos.
Una imagen que circula en las redes sociales presenta una realidad que merece una profunda reflexión. En la primera escena, un ciudadano lanza una lata desde su vehículo hacia la calle. En la segunda, vemos cómo la basura se acumula y obstruye un drenaje pluvial. Finalmente, en la tercera, observamos una comunidad inundada, con vehículos atrapados y personas caminando entre aguas que afectan su tranquilidad y seguridad.
Tres imágenes, una sola realidad: lo que hacemos hoy puede convertirse mañana en aquello de lo que nos quejamos.
Las intensas lluvias registradas hoy en diferentes puntos del territorio nacional han puesto nuevamente sobre la mesa el problema de las inundaciones, especialmente en sectores vulnerables del Gran Santo Domingo.
Hemos visto calles convertidas en ríos, viviendas afectadas, negocios inundados y familias desesperadas ante la posibilidad de perder sus pertenencias. También hemos escuchado las críticas contra las alcaldías, las autoridades municipales y las instituciones responsables del mantenimiento de los sistemas de drenaje.
Y quiero ser claro: las autoridades tienen la obligación de garantizar la limpieza de los imbornales, el mantenimiento de los drenajes pluviales, la recogida eficiente de los desechos sólidos y la ejecución de obras que permitan reducir las inundaciones. Esa responsabilidad no se puede negociar ni justificar.
Pero también debemos tener el valor de mirarnos al espejo como sociedad.
¿Con qué autoridad moral exigimos calles limpias cuando lanzamos basura desde nuestros vehículos? ¿Cómo reclamamos que los imbornales funcionen correctamente si contribuimos a obstruirlos con botellas, fundas plásticas, vasos, latas y todo tipo de desperdicios?
¿Cómo podemos exigir una ciudad organizada si nosotros mismos participamos diariamente en su deterioro?
La responsabilidad ciudadana no comienza cuando llega una inundación. Comienza cuando decidimos no lanzar un papel a la calle.
Es importante comprender que no todas las inundaciones son provocadas por la basura. Existen problemas estructurales, drenajes insuficientes, construcciones en zonas vulnerables, falta de planificación urbana y fenómenos atmosféricos que superan la capacidad de respuesta de nuestras ciudades.
Sin embargo, también es una realidad que la acumulación de desperdicios puede agravar considerablemente estas situaciones al impedir que el agua circule correctamente por los sistemas de drenaje.
En municipios como Santo Domingo Este, Santo Domingo Norte, Santo Domingo Oeste y el Distrito Nacional, necesitamos fortalecer una cultura de prevención que involucre tanto a las autoridades como a los ciudadanos.
No podemos continuar esperando que ocurran tragedias para recordar la importancia de mantener limpias nuestras comunidades.
Tampoco podemos permitir que las autoridades utilicen la falta de educación ciudadana como excusa para justificar deficiencias en los servicios municipales. La responsabilidad es compartida, aunque las obligaciones de cada sector sean diferentes.
Las alcaldías deben cumplir con su trabajo, pero los ciudadanos también debemos asumir el nuestro.
Desde las escuelas, los hogares, las juntas de vecinos, las iglesias y los medios de comunicación, debemos promover una verdadera conciencia sobre el manejo adecuado de los desechos sólidos.
Necesitamos enseñarles a nuestros hijos que una botella lanzada a la calle no desaparece por arte de magia. Esa botella puede terminar en una cañada, obstruir un imbornal y contribuir a una inundación que afecte a una familia.
La educación ciudadana no debe limitarse a campañas publicitarias. Tiene que convertirse en una práctica cotidiana.
No podemos seguir siendo parte del problema y, al mismo tiempo, presentarnos únicamente como víctimas de sus consecuencias.
Como comunicador y director del periódico Alta Gama, entiendo que los medios tenemos la responsabilidad de denunciar las deficiencias de las autoridades, pero también de orientar a la población sobre aquellas conductas que perjudican el bienestar colectivo.
Una sociedad no progresa solamente construyendo elevados, avenidas, puentes y grandes edificaciones. También progresa cuando sus ciudadanos desarrollan respeto por los espacios públicos y comprenden que el bienestar individual depende, en gran medida, del comportamiento colectivo.
Debemos abandonar la cultura de pensar que la limpieza de nuestras calles es responsabilidad exclusiva de los ayuntamientos.
La ciudad donde vivimos es nuestra casa común. Y nadie debería sentirse orgulloso de ensuciar su propia casa.
Hoy, cuando tantas familias dominicanas enfrentan las consecuencias de las lluvias, es momento de reflexionar y actuar.
Exijamos a las autoridades que cumplan con sus responsabilidades, que mantengan los drenajes en condiciones adecuadas y que ejecuten las obras necesarias para proteger a nuestras comunidades.
Pero, al mismo tiempo, asumamos nuestro compromiso de no lanzar basura a las calles, respetar los espacios públicos y contribuir a mantener limpios nuestros sectores.
Porque resulta contradictorio lanzar una botella por la ventana de un vehículo y, cuando la calle se inunda, ser el primero en reclamar que las autoridades no hacen nada.
La República Dominicana que todos queremos construir comienza con nuestras propias acciones.
Y antes de señalar al responsable de cada problema, también debemos preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para evitarlo.
Mi reflexión final es sencilla:
No seas parte de lo que provocas y después condenas. No contribuyas al problema del que mañana podrías convertirte en víctima.
Porque, al final, la imagen lo resume todo:
LO QUE HACES, LO QUE PROVOCAS Y DE LO QUE TE QUEJAS.
José Amador
Comunicador y director del periódico Alta Gama.

























