“Unos audífonos adecuados pueden costar hasta 2,500 dólares, y los seguros médicos en este país no cubren ni un centavo.”
Santo Domingo, R.D. – “Yo vivo un infierno todos los días, y miles de dominicanos también”. Con esta cruda afirmación, el director del periódico digital Alta Gama, José Amador, rompió el silencio sobre una condición invisible que lo afecta personalmente y que, sin embargo, es ignorada por el sistema de salud dominicano: el tinnitus.
Se trata de un trastorno auditivo que genera zumbidos, rugidos, chasquidos o murmullos persistentes que sólo la persona afectada puede escuchar. Este padecimiento, que afecta entre un 15 y un 20% de la población, puede tener causas diversas —desde pérdida auditiva relacionada con la edad hasta lesiones en el oído o trastornos circulatorios— y, aunque no siempre es grave clínicamente, destruye emocionalmente a quienes lo sufren.
“El que no vive con tinnitus no entiende el tormento. Es como tener una alarma encendida en el oído las 24 horas. No duermes bien, no puedes concentrarte, y lo peor: nadie te cree”, expresó Amador.
El comunicador criticó con dureza a las aseguradoras de salud por no ofrecer ningún tipo de cobertura a los pacientes que necesitan dispositivos auditivos especiales, que en muchos casos representan la única herramienta para reducir o enmascarar el ruido constante. “Unos audífonos adecuados pueden costar hasta 2,500 dólares, y los seguros médicos en este país no cubren ni un centavo. ¿Dónde queda el derecho a vivir con dignidad?”, cuestionó.
Amador también hizo un llamado urgente al presidente Luis Abinader, al Ministerio de Salud Pública y a la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISALRIL) para que se preste atención a esta problemática. “Presidente, escúchenos. Esta no es una condición menor. Nos está afectando física, emocional y mentalmente. Necesitamos protocolos, tratamientos accesibles y cobertura para dispositivos que pueden devolvernos algo de paz”, afirmó.
El tinnitus, que en algunos casos se presenta en forma de sonidos pulsátiles sincronizados con los latidos del corazón, puede empeorar con el estrés, el cansancio o el silencio. En otros países ya se ha avanzado en políticas de salud auditiva, mientras en República Dominicana se sigue tratando como un problema menor o inexistente.
“Esto no se cura, pero se puede aprender a vivir con ello si hay apoyo. No pedimos lujos, pedimos herramientas para sobrevivir al ruido que nos persigue día y noche”, concluyó Amador, visiblemente afectado.
Desde el periódico Alta Gama, se reitera el compromiso de visibilizar este tipo de problemáticas que los medios tradicionales y las autoridades suelen ignorar. La salud auditiva también es salud, y el silencio del Estado está haciendo más ruido que el tinnitus mismo.




















