Por: José Amador/ Director del periódico Alta Gama
Santo Domingo Este se convierte en el epicentro de este fenómeno. La falta de dirigentes políticos de relevancia con roles ministeriales o directivos en el gobierno plantea preguntas inevitables. ¿ Podrían pasarle factura al descuidar la base política que llevó a Abinader al poder?
La ausencia de dirigentes políticos de peso en Santo Domingo Este podría interpretarse como un menosprecio hacia las estructuras partidistas. Hay que recordar que este municipio es el de mayor peso electoral, y tener a sus líderes políticos totalmente fuera del tren gubernamental es un peligro que tiene que ser evaluado por el presidente Luis Abinader.
La administración de Luis Abinader está escribiendo un capítulo inusual en la política dominicana. En un movimiento que rompe con la tradición, el presidente ha optado por premiar a individuos de la sociedad civil y a supuestos expertos técnicos, dejando a un lado a los políticos de su propio partido, el PRM. Este enfoque, aunque innovador, no está exento de desafíos.
En la arena política, la lealtad partidista a menudo se considera esencial. Sin embargo, Abinader ha desafiado esta norma, asignando roles cruciales a personas ajenas a la maquinaria política tradicional. Mientras algunos elogian este enfoque como un intento de infundir frescura y experiencia diversa en la administración pública, otros levantan la ceja ante la aparente exclusión de figuras políticas del PRM.
En un país donde la afiliación partidista juega un papel crucial en la identidad y lealtad política, la aparente marginación de líderes del PRM podría generar resentimiento y descontento entre las filas. ¿Puede Abinader arriesgarse a perder el apoyo de su propio partido en la carrera hacia las elecciones presidenciales de 2024?
El presidente se encuentra en una cuerda floja. Por un lado, la apertura a nuevas voces y perspectivas puede fortalecer la toma de decisiones y la ejecución de políticas. Por otro lado, la desconexión con las bases políticas podría erosionar el apoyo necesario para asegurar la reelección en 2024.
En última instancia, la pregunta persiste: ¿es esta transformación gubernamental una estrategia visionaria o una apuesta arriesgada? Solo el tiempo dirá si la elección de Abinader de premiar a la sociedad civil sobre los políticos de su partido será un activo o un pasivo en el complejo juego de la política dominicana. En un país donde la política y la lealtad partidista están intrínsecamente entrelazadas, la respuesta podría definir el destino político del presidente en las elecciones venideras.























